La Provincia

Breves historias desde la ribera

En las Tres Bocas, Ramona labra la tierra junto a su hijo, la inquieta la hora. Debe salir de la chacra antes que caiga el sol: “Acá, no tenemos luz”. Julián, que tiene un almacén de ramos generales, recorre cada rincón de su huerta y comparte todo conocimiento sobre la siembra, la luna, el sistema de riego, las proyecciones para los espacios donde aún no cayeron semillas.

Ramona: “Acá, no tenemos luz”

Ramona Toledo labra la tierra con su hijo y se acerca al vehículo para preguntar “a qué se debe la visita”. A Ramona, la inquieta la hora. El tendido de luz eléctrica hizo un alto kilómetros al norte y esquivó a su casa y otras tantas. Debe salir de la chacra antes que caiga el sol. “No recibimos nunca ayuda de nadie”, repite de manera incesante y ve en la visita un resquicio, una posibilidad de que su reclamo llegue.

Cuenta que fue “varias veces”, pero la espera fue muy larga para quien no sabe de oficinas públicas, sino de labrar la tierra: “al final, decidimos arreglarnos solos”. Junto a su hijo, plantan maíz y zapallos. “Nos quedaríamos acá siempre, pero la energía está varios kilómetros más allá. Nadie escucha nuestros pedidos. Acá, no tenemos luz”.

Julián: “Las puertas de mi casa y de mi corazón están abiertas para los amigos”

Ayudado por un mecanismo de poleas, Julián “El Chino” zambulló dos metros y medio bajo tierra cada uno de los parantes que hoy sostienen su casa. Es de dos pisos, madera, y la levantó “casi solo”. La huerta de Julián, que antes trabajó de guía y de mozo, se extiende en un patio trasero de olor a tierra mojada. También, tiene un almacén de ramos generales donde se encuentra desde un porrón hasta aceite para motos, anzuelos, espirales o vino. La charla con Julián es amena, recorre cada rincón de su chacra y comparte todo conocimiento sobre la siembra, la luna, el sistema de riego, las proyecciones para los espacios donde aún no cayeron semillas. Zanahorias, mandiocas, mburucuyá, ruda, tomates, morrones y naranjos son parte del paisaje en su lugar.

Julián es amigable y es conocedor de muchas cosas; cuenta anécdotas, habla de amores, de su familia, de encuentros y desencuentros, de la vida en Tres Bocas. “Las puertas de mi casa y de mi corazón siempre están abiertas para los amigos”, dice Julián mientras va dejando sobre el tablón, a un lado de la olla negra, la cosecha para preparar el almuerzo.

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