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Anularon la prisión domiciliaria del genocida Horacio Losito

Ante una solicitud de la Secretaría de Derechos Humanos y Géneros y de la Fiscalía Federal, la Cámara de Casación resolvió denegar el privilegio de prisión domiciliaria a los condenados las ejecuciones clandestinas en la Masacre de Margarita Belén Horacio Losito (también condenado en la causa RI9 de Corrientes) y Ernesto Simoni.

Finalmente, luego del recurso presentado por la Secretaría de DD. HH. y Géneros de la provincia junto con la Fiscalía Federal, el genocida Horacio Losito condenado en las causas Masacre de Margarita Belén, y RI9 de Corrientes, recibió la anulación por parte de la Cámara de Casación del privilegio de prisión domiciliaria que le fuera concedido por el Tribunal Federal de Resistencia en marzo de este año. En idéntico sentido se resolvió el caso de Ernesto Simoni, también condenado por su participación en los fusilamientos clandestinos del 13 de diciembre de 1976.

Así consta en las resoluciones emitidas al efecto por la Justicia Federal, a las que tuvo acceso elDIARIO de la Región. Ambos genocidas recibieron el privilegio de domiciliarias sobre la base de un peligro de contagio en el marco de la pandemia de coronavirus, situación que fue apelada desde la querella y fiscalía sobre la base de que “la Unidad 34  ( donde cumplen condena Losito y Simoni) cuenta con un servicio médico limitado, y las cuestiones complejas deben ser derivadas al exterior del complejo […], aspecto que evaluado desde la razonabilidad, no […] permiten concluir que frente a la existencia de un caso de ‘Coronavirus’ en la Unidad, se podrán tomar las medidas urgentes para evitar el contagio en cadena, en un ambiente  donde las distancias de convivencia no son las adecuadas, y los lugares se encuentran sobrepoblados”.

En ese sentido, el tribunal de Casación dispuso que teniendo en consideración los respectivos cuadros de salud de Losito y Somino y la “entidad de los delitos” por los que fueron condenados lo que corresponde es “meritar con extrema prudencia y carácter sumamente restrictivo la aplicabilidad de estas disposiciones en supuestos de delitos graves, conforme normas constitucionales, convencionales y de derecho interno, según la interpretación que el órgano jurisdiccional haga en cada caso”. Razón por la cual se denegó el privilegio.

Consultados por este medio, organismos de DD. HH. saludaron la medida. Desde HIJOS Chaco, destacaron que “el lugar de los condenados por crímenes de lesa humanidad no es otro que la cárcel común, de otro modo se desvirtúan las condenas en juicios democráticos y ajustados a derecho”.

LOSITO

Horacio Losito nació el 3 de agosto de 1951 en Capital Federal y llegó a teniente coronel del Ejército. Durante la última dictadura, operaba en Chaco y Corrientes trabajando en el área de Inteligencia. En la vecina provincia fue condenado a 25 años de prisión por crímenes de lesa humanidad cometidos en el ex Regimiento de Infantería 9 (RI 9) en 2008.

El 16 de mayo de 2011, fue condenado a prisión perpetua por su papel como uno de los ejecutores directos de la Masacre de Margarita Belén, en un “enfrentamiento” contra detenidos y detenidas por razones políticas maniatados y en estado terminal luego de un suplicio de varias horas durante la noche del 12 de diciembre en el comedor de la Alcaidía Policial de Chaco. Durante los años de impunidad, Losito llegó a ser militar en la Embajada de Argentina en Roma (Italia), desde donde fue obligado a volver al país por el expresidente Néstor Kirchner, tras una valiente carta de la exdetenida política Mirta Clara, compañera de Néstor Sala, uno de los fusilados aquel 13 de diciembre de 1976 en la ruta 11.

Del grupo de militares juzgados en el histórico proceso realizado en el TOF de Resistencia, Losito descolló por su carisma sobre la base de su historial en Malvinas y el enfrentamiento de “Top Malo Hause” -donde lo hiere una descarga de granada en la cabeza y un disparo en la pierna y sigue disparando hasta que se desmaya por la pérdida de sangre-. Durante los debates, se la pasó trajeado y en posición de firme, a veces de pie, gesticulando y “bajando línea” a los abogados que lo asistían o a sus compañeros de juicio. A la fecha, no pronunció palabra respecto del destino final de varias de sus víctimas desaparecidas.

 

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