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Avanza la entrega del desarrollo nuclear argentino a Estados Unidos

Entre los productos más codiciados figuran el reactor RA-10, artefacto prácticamente finalizado durante la gestión anterior, y el uranio, un recurso estratégico, bajo la jurisdicción de CNEA, que está presente en Chubut, Mendoza y Salta.

La Comisión Nacional de Energía Nuclear acaba de concretar un nuevo paso en esa línea: mediante un procedimiento administrativo, formalizó cómo sería la presentación de iniciativas privadas. Básicamente, avanzó en un manual de actuación para que los privados nacionales e internacionales que tengan intención de quedarse con los activos nucleares de Argentina puedan visitar las instalaciones y ver qué aprovechar. Es curioso, porque semanas atrás, durante la presentación de su informe de gestión en Diputados, el jefe de Gabinete, Manuel Adorni, indicó que “el plan nuclear anunciado por el presidente en diciembre de 2024 aún no entró en vigencia”. En verdad, hay un plan y es rifarlo todo.

A partir de ahora, todos aquellos actores que quieran obtener documentación, información o directamente realizar una visita a los predios que posee la CNEA en todo el territorio nacional puedan hacerlo sin problemas. Como si fuera un supermercado, de esta manera, los privados interesados pueden pasear por las góndolas nucleares y postularse para quedarse con lo que más les guste. Quien saca los colmillos es Estados Unidos, que quiere el desembarco próximo de sus empresas. De hecho, el funcionario de la Casa Blanca Scott Bessent lo había anticipado en septiembre pasado: “Argentina es rica en uranio. Están comprometidos con la entrada de empresas privadas estadounidenses”.

Entre los productos más codiciados figuran el reactor RA-10, artefacto prácticamente finalizado durante la gestión anterior, y el uranio, un recurso estratégico, bajo la jurisdicción de CNEA, que está presente en Chubut, Mendoza y Salta. Aunque por ley las provincias son dueñas de los recursos, el organismo de energía nuclear es responsable de tutelar. Una controversia no resuelta por los marcos legales vigentes.

Esta movida que concreta la CNEA tiene como telón de fondo la firma del memorándum de cooperación para la gobernanza, la inversión y seguridad de las cadenas de suministro a nivel global. El documento, acordado entre Argentina y EE.UU., forma parte de la estrategia norteamericana denominada ‘Alianza para la seguridad de los minerales críticos’. Los minerales críticos tienen una demanda global y desempeñan un rol en la transición energética.

Nicolás Malinovsky, ingeniero electricista (Universidad Nacional de Río Cuarto) y especialista en energía nuclear, afirma a Página 12: “Estados Unidos tiene bien en claro sus objetivos con Argentina y el rol que quieren que cumplamos en su proceso de reindustrialización, que es parte de la disputa hegemónica en curso con China. Por un lado, busca desarticular y desmantelar las capacidades que hemos logrado en ese desarrollo y, por otro, quiere que Argentina compre la tecnológica desarrollada en su país”. De hecho, uno de los pilares de la nueva doctrina de seguridad nacional en EE.UU. se vincula con el control de los recursos de energía nuclear en el hemisferio occidental.

A su turno, Diego Hurtado, físico del Conicet y con una amplia experiencia en gestión de organismos científicos y tecnológicos, explica que “está pasando algo que ya ocurrió de manera calcada en los 90. Como las autoridades de CNEA tienen la garantía de que no recibirán inversión pública, salen a buscar actores privados. Negocios que, en realidad, se concretan a partir de la entrega de activos públicos. Dejan entrar capitales extranjeros para que se lleven el uranio porque viene derechito el cordón umbilical al alineamiento incondicional con Estados Unidos. Es un pedido de Trump a Milei: quieren el uranio argentino”. Por eso, ahora habilitan la visita de privados a las minas de uranio que son incumbencia de la CNEA y le ponen un marco a procedimientos que ya estaban sucediendo de manera informal.

Ignacio Cortés, trabajador de la CNEA, observa: “A nivel administrativo, la CNEA todo el tiempo genera procedimientos como este, que tienen que ver con normas de gestión. Son procedimientos de calidad. Son algo normal”. Al mismo tiempo opina: “Se habla de información confidencial que la CNEA puede otorgar a privados y en cierta manera, genera un marco normativo que puede dar lugar a contratos con privados para avanzar con lo que este gobierno declara abiertamente que quiere hacer: destruir el Estado y delegar cualquier tipo de actividad y ordenamiento de la economía al sector privado”. Y remata: “Si uno lee el procedimiento con detalle, las gerencias que quedan a cargo de las decisiones sobre los acuerdos apoyarán este programa de privatización”.

Reactores a la venta

Entre los principales activos que posee la CNEA se encuentran los reactores y un recurso estratégico que, precisamente, sirve como combustible para el funcionamiento de las centrales nucleares: el uranio.

Por un lado, se halla el Carem (Central Argentina de Elemento Modulares), que constituye el primer reactor nuclear de potencia diseñado y desarrollado integralmente en Argentina. Con esta tecnología, ahora paralizada por el gobierno de Javier Milei (faltaba un 30 por ciento para concluirla), el país se ubicaba a la vanguardia en materia de nucleoelectricidad y energía limpia. Como aún son muy pocas las naciones que cuentan con uno, el diseño de este prototipo se proponía abrir la puerta para que más naciones alrededor del mundo quisieran tener el propio. La venta de un reactor de la magnitud del Carem podría significar un ingreso de 4 mil millones de dólares.

Por otra parte, se halla el RA-10 (Reactor Nuclear Argentino Multipropósito), que comenzó a construirse en 2016 en el Centro Atómico Ezeiza. Aunque tiene diversos objetivos, el principal se vincula con garantizar el autoabastecimiento de radioisótopos de uso médico, esenciales porque alimentan los centros de medicina nuclear del país, en donde se diagnostican y tratan pacientes con cáncer. A diferencia del Carem, este reactor está casi listo y será finalizado por el gobierno libertario que, casi sin esfuerzo, se llevará los créditos. No le tienta la ciencia local, sino el rendimiento que este avance puede lograr. Una vez que esté en marcha, con voluntad política y muy poco esfuerzo, podría significar ingresos de 90 millones de dólares al año.

En concreto: aunque Argentina podría aprovechar los beneficios económicos que darían como resultado la puesta en marcha de ambos reactores, se estima que podrían ser las primeras tecnologías en ser vendidas. Y a precios insignificantes.

El recurso estrella que quiere Trump

El otro aspecto que llama poderosamente la atención de Estados Unidos y los grupos privados es el uranio. Porque es el insumo que mueve a los reactores que, en última instancia, mueven a inteligencia artificial. Malinovsky comenta: “La explotación de uranio en el país no apunta a fortalecer el desarrollo local, sino a garantizar la exportación de mineral para abastecer a la industria estadounidense, que busca independizarse del uranio ruso”.

En 2023, EE.UU. importó el 99 por ciento del uranio necesario para sus centrales nucleares, principalmente de Canadá, Australia, Rusia, Kazajistán y Uzbekistán. Asimismo, cuenta Malinovsky, tras los conflictos entre Estados Unidos y Rusia, el expresidente Joe Biden logró aprobar la Ley de prohibición de las importaciones de uranio ruso, que justamente restringió la importación a partir del 12 de agosto de 2024.

Argentina posee alrededor de 40 mil toneladas de reservas de uranio. El experto sigue con el detalle: “El consumo anual de nuestras centrales nucleares –Embalse, Atucha I y Atucha II– es de apenas 220 toneladas, que hoy se importan principalmente de Kazajistán. La minería de uranio en nuestro país fue cancelada en 1997, durante el menemismo, como parte de las políticas neoliberales orientadas al desmantelamiento de sectores estratégicos, entre ellos el nuclear, bajo el argumento de que ‘importar era más barato’”.

El paso administrativo que da ahora el gobierno a pedido de los grupos concentrados nacionales e internacionales es una manera de allanar el camino hacia la privatización de activos. Argentina, una vez más, tenía todo para convertirse en una potencia mundial en el rubro, pero ahora deja escapar una chance única.

Fuente: Página 12

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