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Chaco sigue en el puesto número cinco de la crisis hídrica

En el país, el 16% de la población sigue sin acceso al agua potable. La provincia junto a Buenos Aires, Santiago del Estero, Formosa y Misiones son las más afectadas.

El 22 de marzo fue el Día Mundial del Agua. Argentina enfrenta un desafío monumental al respecto, un último estudio de la Cámara Argentina de la Construcción (Camarco) arrojó luz sobre esta disparidad: a nivel nacional, el 16% de los habitantes carece de acceso a agua potable y un alarmante 41% no cuenta con servicio de cloacas. En los barrios populares, la situación es aún más crítica, donde el acceso formal a este recurso vital se reduce a un alarmante 11,6% y solo el 2,5% de los hogares cuenta con conexión a una red de cloacas.

Según el informe de Camarco, las provincias con mayores necesidades de agua potable son Buenos Aires (particularmente el Gran Buenos Aires), Santiago del Estero, Chaco, Formosa y Misiones. En términos de saneamiento, la falta de servicio de cloacas es mucho mayor en el país, siendo CABA, Salta y Tierra del Fuego las únicas áreas donde el déficit no supera el 20%. Por el contrario, en regiones como el NEA, el 19% de la población no tiene agua potable y el 62% carece de cloacas. En total, se estima que cinco millones de personas viven con un acceso precario al agua, una realidad que se traduce en enfermedades, falta de oportunidades y una calidad de vida deteriorada.

La escasez no es el único enemigo. La contaminación del agua emerge como una amenaza silenciosa pero letal. En diversas regiones del país, el arsénico, un veneno de origen natural presente en las napas subterráneas, se filtra en el agua de consumo, afectando a un 60% de la población en algunas zonas del norte. Esta exposición prolongada deriva en el Hidroarsenicismo Crónico Regional Endémico (HACRE), una enfermedad que deja su marca en la piel y eleva el riesgo de cáncer. A este drama se suman los nitratos, que contaminan incluso el agua embotellada, con niveles que superan lo recomendado en hasta un 30% de los casos.

Los más vulnerables son los lactantes, para quienes un sorbo de agua contaminada puede tener consecuencias fatales. Iniciativas como el «Mapa del Agua», un proyecto de la Fundación Aguas y el ITBA (Instituto Tecnológico de Buenos Aires), arrojan luz sobre esta problemática, identificando los puntos críticos de contaminación y buscando soluciones adaptadas a cada comunidad.

Frente a la magnitud de este desafío, la respuesta no puede ser otra que una apuesta decidida por la infraestructura. Una red que, como un sistema circulatorio, lleve agua segura a cada rincón del país y elimine los desechos de manera eficiente, protegiendo la salud de la población y el medio ambiente. El informe de Camarco destaca la extraordinaria oportunidad no solo para acercar estos servicios esenciales a la población vulnerable, sino también para el mantenimiento de las redes primarias y secundarias existentes.

Posible apuesta desde el informe

Pero, ¿cómo construir esta red de manera rápida, económica y, sobre todo, duradera? La clave reside en la elección de los materiales. La ingeniería moderna ha desarrollado compuestos capaces de resistir el paso del tiempo, la agresión de los químicos y la corrosión que amenaza a las tuberías tradicionales. Un material liviano, fácil de instalar y con una vida útil que se extiende por más de medio siglo, se convierte en el aliado perfecto para esta misión. Hablamos del policloruro de vinilo, o PVC, un polímero que ha revolucionado la forma en que concebimos las redes de agua y saneamiento, y que es mencionado específicamente en el informe de CAMARCO como uno de los materiales plásticos normados para estas instalaciones.

Las tuberías de PVC se han consolidado como la opción predilecta para las obras de infraestructura más exigentes. Su adopción no es casual, sino el resultado de una serie de ventajas técnicas y económicas que responden directamente a las necesidades de un país como Argentina.

Al ser un material inerte y resistente a los químicos, el PVC no altera la composición del agua, asegurando que llegue a los hogares libre de contaminantes. Su hermeticidad evita filtraciones, impidiendo que las aguas residuales contaminen las napas freáticas.

La fabricación de tuberías de PVC consume menos energía que la de otros productos. Su durabilidad minimiza la necesidad de reemplazos y, al final de su ciclo de vida, el material puede ser reciclado, inscribiéndose en un modelo de economía circular.

Desde la Asociación Argentina del PVC (AAPVC), institución que agrupa a las principales empresas del sector desde hace más de 25 años, se reconoce la urgencia de ampliar la infraestructura hídrica del país. Miguel García, director de la Aapvc, subraya la importancia del material en este contexto: «El PVC es mucho más que un material de construcción; es un facilitador de derechos. En un país donde millones de personas aún carecen de acceso a agua segura, el PVC ofrece una solución probada, económica y sostenible. La industria del PVC está comprometida con acompañar estos proyectos, proporcionando materiales de excelencia que garanticen que el agua llegue a todos de manera segura y confiable.» Esta declaración refleja el compromiso de la industria con la agenda de desarrollo sostenible y el cumplimiento del Objetivo de Desarrollo Sostenible número 6 de las Naciones Unidas: garantizar la disponibilidad y la gestión sostenible del agua y el saneamiento para todos.

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