Opinión

Comprender la huella de la deforestación

La deforestación nos afecta a todos. Si, aunque nos parezca algo lejano, no propio de nuestra naturaleza humana, de consecuencias difícilmente medibles en tiempos cronológicos cercanos y de soluciones prácticamente inalcanzables considerando las enormes cifras de capitales puestas en juego e intereses desmedidos de poder implicados.

Si, nos afecta a todos. Nos demos cuenta o no, accedamos poco o en gran medida al conocimiento científico tecnológico y estemos más o menos atentos a la información que los medios de comunicación nos acercan, el aire que respiramos contiene oxígeno, compuesto esencial para la vida producido en un intercambio permanente de materia y energía entre el ambiente y los vegetales. Solo este pequeño dato, da cuenta de la importancia de conservar la cobertura vegetal del planeta.

La deforestación ha sido bien documentada por científicos, ONG, organismos técnicos de algunos gobiernos, docentes universitarios, instituciones educativas, comunidades rurales, referentes de pueblos originarios, instituciones eclesiásticas y laicas, medios de comunicación, entre otros.

Así, sabemos que en 2018 se perdieron 12 millones de hectáreas de vegetación en regiones tropicales de América, 3 millones correspondían a bosques primarios o nativos, siendo Brasil el primero de la triste lista de países que sufrieron y sufren las consecuencias; país que es hoy centro de atención debido a la emergencia ambiental que los incendios forestales han generado. Solo en la cuenca del Amazonas viven 20 millones de personas, entre ellas decenas de tribus que viven en aislamiento voluntario. Además de Brasil, Colombia, Bolivia y Perú forman parte de esa lista. Sabemos también que hoy, los incendios en la Amazonia y sus consecuencias, como el humo, los aerosoles y las partículas se expanden a merced del viento y se depositan junto a las precipitaciones, esto ocurre en esos mismos países y también en Paraguay, Venezuela, Panamá y la Argentina.

Nos afecta a todos.

En Argentina la situación es similar (salvando las escalas), en 2018 se perdieron 112.766 hectáreas de bosques nativos con alto impacto negativo no solo ambiental sino también social y cultural, aunque difícilmente medible, razonablemente estimable.

Y si esto no es suficiente para comprender como nos afecta, basta recordar que los bosques albergan y generan vida, son refugio y sostén, regulan las temperaturas y distribuyen el agua en todos los niveles bióticos, forman suelo y reciclan materia orgánica, capturan partículas contaminantes y son barreras contra el viento, mantienen la diversidad y riqueza biológicas y aseguran los intercambios vitales aun cuando mueren.

Creemos que, más allá del valor de las áreas protegidas que han logrado disminuir significativamente la deforestación y por ende mantener la biodiversidad, no se ha frenado la destrucción sistemática y continúa de los bosques primarios o bosques nativos, esos milenarios guardianes de vida, cuya destrucción nos interpela como especie y ciudadanos.

*Por: Reserva Natural Los Chaguares

Cooperativa La Prensa

Cooperativa de Trabajo y Consumo Ltda La Prensa

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