
El consumo de carne vacuna en Argentina continúa en retroceso y alcanzó un mínimo histórico. Durante los primeros ocho meses de 2026, el consumo totalizó 1,37 millones de toneladas de res con hueso, una caída del 11,3% respecto del mismo período de 2025. En tanto, el consumo por habitante se ubicó en 46 kilos anuales, según el promedio móvil de los últimos 12 meses. Se trata del nivel más bajo desde que existen registros, iniciados en 1914.
El dato, elaborado a partir de estadísticas de la Cámara de la Industria y Comercio de Carnes y Derivados de la República Argentina (CICCRA), profundiza una tendencia que se mantiene desde hace décadas. A fines de los años 60, el consumo superaba los 80 kilos por persona al año. Según registros de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), había alcanzado los 84 kilos, mientras que en 2023 se ubicó en 49 kilos.
El retroceso responde a una combinación de factores: una producción bovina que lleva décadas prácticamente estancada, el aumento del precio de la carne vacuna frente a otras alternativas y el crecimiento de la producción y el consumo de pollo y cerdo.
Una producción que no logra crecer
Uno de los factores centrales es el estancamiento de la producción ganadera. En 2024, Argentina produjo 3,18 millones de toneladas de carne vacuna, un volumen prácticamente igual al registrado medio siglo atrás.
Mientras la población creció, la oferta de carne bovina se mantuvo casi sin cambios, lo que redujo la disponibilidad por habitante y condicionó el abastecimiento del mercado interno.
El análisis de Argendata, de Fundar, señala entre las causas la competencia de la agricultura por el uso de la tierra y la inestabilidad macroeconómica, que dificulta las inversiones en una actividad cuyos ciclos productivos requieren decisiones de largo plazo.
También incidieron las restricciones a las exportaciones y los efectos de las sequías. En particular, la crisis climática de 2008-2009 provocó una liquidación de vientres que redujo el rodeo nacional y limitó la capacidad de producción en los años posteriores.
El pollo y el cerdo ganan terreno
Al mismo tiempo que la carne vacuna perdió participación, la producción avícola y porcina registró un crecimiento sostenido.
La producción de pollo se multiplicó por 64 entre 1961 y 2024, hasta alcanzar los 2,3 millones de toneladas. Este avance estuvo acompañado por mejoras en genética, nutrición animal y manejo sanitario, que permitieron aumentar la productividad y reducir los costos.
El consumo también cambió. El pollo superó los 45 kilos por habitante al año, mientras que la carne porcina pasó los 17 kilos en 2023.
De esta manera, la carne vacuna, que históricamente representaba cerca del 90% de la oferta total de carnes, actualmente concentra alrededor de la mitad de la producción.
La diferencia de precios modifica los hábitos
El valor de la carne vacuna frente al pollo y al cerdo también tuvo un papel determinante en el cambio de consumo. Cuando la diferencia de precios se amplía, las familias tienden a reemplazar los cortes vacunos por opciones más económicas.
Un ejemplo se registró entre 2003 y 2006, cuando la relación de precios entre la carne vacuna y el pollo pasó de 1,55 a 2,08. En ese período, el consumo de pollo aumentó un 41%, mientras que la demanda de carne vacuna permaneció prácticamente estancada.
Una situación similar ocurrió entre 2009 y 2011, cuando la carne vacuna llegó a costar casi tres veces más que la aviar. En apenas dos años, el consumo de carne bovina cayó 4,5 kilos por habitante, mientras que el de pollo pasó de 32,8 a 37,5 kilos anuales.
Argentina sigue entre los mayores consumidores de carne
Pese a la caída de la carne vacuna, el consumo total de carnes de origen animal se mantiene elevado. En 2023 alcanzó los 122,7 kilos por habitante, uno de los niveles más altos del mundo y el mayor de América Latina.
Argentina continúa ocupando el primer puesto internacional en consumo per cápita de carne vacuna, aunque la distancia respecto de otros países se redujo. Mientras el promedio mundial de consumo de carnes pasó de unos 32 kilos por persona en los años 60 a 65 kilos en 2023, el patrón argentino también se modificó.
La menor demanda interna tuvo además un correlato en el comercio exterior. Durante 2024, cerca de un tercio de la producción bovina se destinó a exportaciones, en un contexto de fuerte demanda internacional, principalmente desde China.
Así, la carne vacuna conserva un lugar destacado en la producción y el consumo argentino, pero perdió parte del protagonismo que tuvo históricamente en la mesa de los hogares.




