
El Gobierno flexibilizó el acceso de las empresas al crédito en dólares y habilitó a los bancos a prestar hasta el 15% de sus depósitos en moneda extranjera. La medida busca potenciar y poner a trabajar los dólares depositados en el sistema financiero, pero abre un interrogante que la Argentina conoce demasiado bien: ¿qué sucede cuando una empresa se endeuda en dólares pero genera sus ingresos en pesos?
La presentación oficial de la medida tiene una lógica difícil de discutir: si existen dólares depositados en los bancos, ¿por qué no utilizarlos para financiar inversiones, maquinaria, construcción o producción?
El Gobierno de Caputo apuesta justamente a eso. A partir de la nueva regulación, los bancos podrán ampliar los préstamos en dólares a empresas que hasta ahora tenían restricciones para acceder a ese financiamiento. El límite para los nuevos destinos será del 15% de los depósitos en dólares de cada entidad.
Pero detrás de ese porcentaje hay una discusión mucho más profunda.
El problema no es prestar dólares. El problema es quién puede devolverlos.
Una empresa exportadora que cobra sus ventas en dólares tiene, en principio, una cobertura natural frente a una deuda en esa moneda.
El escenario cambia cuando una compañía vende sus productos en pesos, paga salarios en pesos, tiene costos locales en pesos y, sin embargo, toma un préstamo en dólares.
Mientras el tipo de cambio permanezca relativamente estable, el crédito puede parecer barato y atractivo. Pero si el dólar pega un salto, que todo hace parecer que así lo hará (así lo expresaron el vocero presidencial y la directora del FMI, Kristalina Georgieva) la deuda medida en pesos puede aumentar abruptamente.
Ese es lo que se denomina en economía como riesgo cambiario.
Y no es una discusión teórica. La Argentina tiene antecedentes de empresas que quedaron atrapadas por deudas en moneda extranjera después de fuertes modificaciones del tipo de cambio. Precisamente por ese antecedente, durante años las normas fueron más restrictivas respecto del uso de depósitos en dólares para financiar a empresas que no generaban divisas.
El 15% no son “los dólares de todos”
Hay otro punto que merece ser explicado con claridad.
El anuncio no significa que los bancos puedan disponer libremente de todos los dólares depositados por sus clientes.
El límite se aplica a los nuevos destinos habilitados: hasta el 15% de los depósitos en moneda extranjera de cada banco. Además, el BCRA estableció mayores requerimientos de capital y límites de exposición para intentar contener el riesgo.
Es decir, el Gobierno busca que una parte de los dólares que hoy están dentro del sistema financiero pase a transformarse en crédito.
La pregunta es si ese movimiento generará realmente más inversión o si simplemente cambiará la composición del endeudamiento de las empresas.
El incentivo es evidente: endeudarse en dólares puede resultar más barato
Para muchas empresas, financiarse en pesos puede resultar costoso. El crédito en dólares aparece entonces como una alternativa tentadora.
Pero hay una trampa potencial: una tasa de interés baja no significa necesariamente un crédito barato.
Si una empresa toma un préstamo al 7% anual en dólares, pero durante el período del préstamo el peso se devalúa 30%, el costo efectivo de esa deuda para una empresa que factura en pesos puede ser muy superior al 7%.
Por eso, mirar solamente la tasa de interés puede ser insuficiente.
El verdadero análisis debería preguntarse: ¿En qué moneda genera sus ingresos la empresa? ¿En qué moneda tiene sus costos? ¿Qué ocurriría con su capacidad de pago si el dólar aumenta un 20%, 30% o 50%?
La propia regulación del BCRA contempla que las entidades deberán evaluar la capacidad de repago frente a distintos escenarios de variación del tipo de cambio.
Una apuesta que puede impulsar la economía… o aumentar la vulnerabilidad
La medida tiene un objetivo concreto: movilizar el ahorro en dólares y transformarlo en financiamiento para el sector privado.
En teoría, el mecanismo es sencillo: dólares depositados → préstamos → inversión → producción → empleo.
Pero existe otro camino posible: dólares depositados → deuda empresarial → devaluación → aumento de la deuda en pesos → dificultades de pago → desinversión → desempleo
Por eso, el éxito de la medida no debería medirse solamente por cuánto dinero prestan los bancos.
También habrá que observar qué empresas reciben esos créditos, para qué los utilizan y qué capacidad tienen para devolverlos.
El riesgo se traslada parcialmente al sector privado
La flexibilización puede ser una oportunidad para empresas que necesitan importar maquinaria, ampliar su capacidad productiva o financiar inversiones vinculadas a actividades que generan ingresos en dólares.
Pero para una empresa cuyos ingresos son exclusivamente en pesos, asumir una deuda en dólares implica aceptar una apuesta sobre el futuro del tipo de cambio.
Y esa apuesta no desaparece porque el banco haya aprobado el crédito.
El banco tiene mecanismos de protección, garantías y requisitos de capital. El BCRA también estableció mayores exigencias prudenciales. Pero la empresa que tomó la deuda sigue enfrentando el problema central: si sus ingresos no aumentan al mismo ritmo que el dólar, cada cuota puede volverse más pesada en términos reales.
La pregunta que queda abierta
La medida puede ser positiva si consigue transformar dólares inmovilizados en inversión productiva.
Pero también puede convertirse en un problema si el crédito barato en dólares termina incentivando a empresas sin cobertura cambiaria a asumir riesgos que hoy parecen manejables y mañana podrían no serlo.
La Argentina ya aprendió, en distintos momentos de su historia económica, que el problema no es solamente cuánto cuesta endeudarse, sino en qué moneda se genera el ingreso con el que se pagará esa deuda.
Por eso, el 15% anunciado por Caputo no debería analizarse solamente como una oportunidad para conseguir más crédito. También debería mirarse como una prueba para el sistema financiero y para las empresas.
Porque prestar más dólares puede generar más inversión. Pero si esos dólares se prestan a quienes cobran en pesos y el tipo de cambio vuelve a moverse con fuerza, la pregunta dejará de ser cuánto crédito generó la medida.
La pregunta será quién termina pagando el costo del riesgo cambiario.




