
(Ansol/elDIARIO) El restaurante recuperado Alé Alé logró reinventarse una vez más. La filosofía explica, a través de los conceptos de antítesis y síntesis, que de la tensión entre lo negativo y lo positivo surge algo nuevo y más completo. En psicología, se habla de crecimiento postraumático, cuando la persona puede encontrar sentido y fortaleza tras experiencias difíciles. En este caso, en épocas de recesión económica y derrumbe del consumo, el restaurante cooperativo Alé Alé logró dar un salto extraordinario, a partir del disparador menos pensado: el éxito en redes sociales que catapultó a Javier Milei a la presidencia.
«Si él pudo ser presidente gracias a las redes, significa que cualquiera puede crecer por las redes», se planteó Andrés Toledo, presidente y trabajador de la cooperativa Alé Alé, hace dos años. «Decidimos apostar a las redes. Contratamos a la empresa Club del Bajón, que conoce el gremio gastronómico y se especializa en redes sociales, y en menos de dos años explotó. Hoy, tenemos más de 500 mil seguidores en Instagram, que se traducen en cientos de clientes que pasan por nuestro local», explicó Toledo en diálogo con Ansol.
«No tenemos empleados. El que se suma, está a prueba un tiempo y, si el grupo lo acepta, ya pasa a ser uno más»
Las redes funcionan como atractivo, pero el plato fuerte está en Cabrera al 4200, en el corazón de Palermo, Buenos Aires. Allí, se ofrece calidad y precio, con promociones como la ya famosa «milanesa libre» a 20 mil pesos o bien la «parrilla libre» a 35 mil pesos; todo, con guarnición y ensaladas gratuitas.
«Entendimos que es por ahí. Queríamos bajar los precios, pero para eso necesitábamos volumen. Una vez que las redes nos dieron el volumen de ventas necesario, bajamos los precios«, resumió Toledo y agregó: «Hoy, tenemos un margen de ganancia finito, pero los números cierran bien porque el volumen es enorme».
Ese volumen se puede apreciar en números. Desde la fundación, el récord de cubiertos por semana de Alé Alé estaba en 2.400. «En el mes último, metimos 4.085 cubiertos en una semana. Todos los días tenemos 500 cubiertos».
Más allá de los números, Toledo expresó: «Está bueno porque todos los días está lleno y la gente se va muy contenta. Viene a comer gente de todos los estratos sociales porque viene gente del barrio o turistas y también viene gente de otros lugares a aprovechar los precios que tenemos. Es muy lindo lo que se armó».
Alé Alé busca un nuevo local
El local de Alé Alé tiene espacio para 400 comensales y aun así las filas son largas. «Las redes, el precio, la calidad, la atención. Eso hizo que desbordemos. El trabajo que hacemos puertas adentro es muy grande y de a poco nos fuimos adaptando a las nuevas necesidades. Habremos incorporado cerca de 20 trabajadores más«, remarcó Toledo.
Hoy, la cooperativa cuenta con 52 asociados. «No tenemos empleados. El que se suma, está a prueba un tiempo y, si el grupo lo acepta, ya pasa a ser uno más. Hoy, por suerte, todos podemos llevarnos a casa un retiro digno que nos ayuda a sacar adelante a nuestras familias».
El éxito es tal que el próximo desafío es el crecimiento: «Estamos en busca de otro local para poder expandirnos y queremos que sea uno grande también. Hasta ahora, no hemos encontrado un local con las dimensiones que pensamos, pero es el próximo paso».
La capacidad de reinventarse
Alé Alé se convirtió en cooperativa en 2013. De allí en adelante, sorteó todo tipo de dificultades, incluida la actual recesión. «El peor momento fue con (Mauricio) Macri, que nos arruinó con los tarifazos; las facturas se multiplicaron por 10. La pandemia también fue dura y le encontramos la vuelta haciendo viandas para empresas. Nunca bajamos los brazos».
«El deseo es que nos vaya bien a todos. Hoy, en nuestro rubro, hay mucho abuso por la parte empresaria. Pagan sueldos de miseria a la gente, como ocurría en los 90, porque la gente está desesperada de trabajo. Hoy, nosotros nos llevamos retiros suficientemente buenos como para sacar adelante a la familia. En Alé Alé, siempre estuvimos por encima de la escala salarial del momento», concluyó Toledo.




