
El Tribunal Oral en lo Criminal y Correccional N° 30 de la Nación condenó a Julián Reina el 5 de junio de 2025 a 19 años de prisión por el intento de femicidio de su expareja, Dana Pontoriero. Los cargos que se le imputaron fueron intento de femicidio agravado y tenencia ilegal de arma de fuego.
Dana dialogó con elDIARIO de la Región sobre sus emociones luego de la condena. “Fue como que automáticamente me saqué una mochila y sentí tranquilidad, algo que no sentía hace dos años. Tengo problemas para dormir después de esto, y esa noche finalmente pude descansar”, contó.
Además, la víctima detalló una serie de eventos que comenzaron con la ruptura de una relación con Julian Reina en el barrio porteño de Saavedra. Inicialmente, solicitó espacio y tiempo para pensar, pero su expareja respondió con comportamientos obsesivos, incluyendo mensajes constantes y apariciones no deseadas.
La situación escaló cuando Julián comenzó a acosar a la Dana en la casa de su tía, llegando a confrontaciones físicas y amenazas. Todo culminó en un intento de feminicidio en julio de 2023, cuando Julián, armado, quiso dispararle varias veces. Gracias a la intervención de un oficial de policía Cristian Dobrinsky, sobrevivió al ataque. Reina recibió tres impactos de bala.
Dana, oriunda de Esquel, relató el momento preciso del ataque, describiendo cómo inicialmente pensó que el arma era de juguete y cómo reaccionó al darse cuenta de la gravedad de la situación. También profundizó en el proceso de comprensión y aceptación de lo sucedido, resaltando la importancia del apoyo psicológico y la dificultad de superar el miedo y la pérdida de control.
En un contexto donde la violencia machista vuelve a estar en crecimiento estadístico y las mujeres siguen están bajo amenaza en sus propias casas y porque quienes debieran cuidarlas, el testimonio de Dana es el valioso relato de una experiencia de supervivencia.
En primera persona
-Nos conocimos desde chicos porque nuestras familias eran cercanas, él tiene 10 años más. Yo soy de Esquel pero voy de seguido a visitar a mi tía en Saavedra. Si bien al principio no fuimos muy cercanos, teníamos gente en común también por el barrio.
Ya adultos, le pedí que me diera clases de preparación física. Así comenzamos a compartir tiempo y de a poco armamos un vínculo. Era muy atento, aunque había cosas de él que no me cerraban.
Me empezó a llamar la atención que se mostraba como una persona muy sociable -tenía un grupo de cerca de ocho amigos-, pero llegaba a la casa y hablaba mal de ellos. Era como una doble cara, como mostrando una pantalla.
En agosto de 2022, viajó un par de veces a Esquel, y mi mejor amiga lo conoció. En una ocasión me dijo “no me cae bien». Había actitudes que ella veía en situaciones que se compartían.
-Decís que él era muy atento por mensaje en tiempos muy cortos que compartían. ¿En qué momento empieza a mostrar algún tipo de cambio personalmente?
-Cuando formalizamos la relación, puse en la balanza las cosas. Dejé a un lado lo malo y me quedé con lo bueno. En diciembre fui a verlo y en enero nos fuimos de vacaciones. Fue la parte que tuvimos más tiempo juntos y ahí fue cuando empecé a ver cambios en el sentido del humor, ser de otra manera o tener más peleas, más roces, y al mismo tiempo también empezó a controlarme más. Revisaba los “me gusta” de mis redes sociales. Cuando pasó todo, hubo un par de chicos que me escribieron y me dijeron “me mandó mensajes porque había reaccionado a una foto tuya”.
Me empezaron a molestar los cambios de su papel de buena persona, como todo el mundo creía. Así que unos días después de volver, decidí ponerle un freno. Al otro día mi mamá me comentó que le había escrito Julián y le había dicho que viajaba al día siguiente a Esquel. Entonces le mandé un mensaje y le dije “ni se te ocurra venirte para acá porque estás haciendo todo lo contrario a lo que yo te estoy pidiendo, que es que me des un lugar como para pensar las cosas”.
Y ahí fue cuando la cabeza me hizo click y dije: “Tengo que terminar con esto porque realmente no se está escuchando lo que yo estoy pidiendo”. Entonces ahí fue cuando terminamos la relación, porque yo le dije que no quería seguir de esa manera. Y creí que lo aceptó.
A la semana me dijo que yo tenía un par de cosas de él. De hecho, por eso no lo había bloqueado, tampoco lo creí necesario. Me empezó a mandar mensajes todos los días.
-¿Qué pasó en mayo 2023?
-En mayo viajé a la casa de mi tía, ahí en Saavedra. Él sabía que yo iba a estar allá porque ya tenía comprado el pasaje. En esa ocasión, empezó a contactarse con mis primos para averiguar “con quién andaba yo”.
Yo viajaba al otro día. En un momento cuando me doy vuelta, él estaba parado atrás mío. Me dijo: “Solamente quiero hablar un ratito, quiero el último abrazo, el último beso” pero yo no accedí. Al mismo tiempo seguía pidiendo explicaciones de por qué habíamos terminado. Creo que quería que yo le diga que estaba con alguien más y él sentirse menos culpable por sus actitudes. Me volví a Esquel y no tuve noticias de él durante tres semanas.
Vuelvo a viajar a Buenos Aires -esta vez con mi hija- y en esa ocasión, a finales de junio, un día se aparece en la casa de mi tía “porque quería hablar conmigo”. Yo había salido hacía 15-20 minutos, mi idea era ir y volver, por lo que mi hija se había quedado. Fui a ver a quien es hoy mi pareja.
Al saber que yo no estaba, pidió verla a la nena. Mi tía no accedió, le dijo “no te puedo permitir verla si no tengo el permiso de Dana”. Julián se fue. Esa tarde, la persona que estaba conmigo me dijo “te acompaño”, pero yo quise evitar problemas y esperé.
Julián volvió a la noche y estuvo hasta las 1 de la mañana esperándome afuera de la casa. Cuando estaba llegando, lo veo en la esquina. Él puso el pie en la reja para trabarme. Yo, para evitar que se escucharan los gritos de él, salí a la calle.
Me agarró de los brazos, de las muñecas, diciéndome que era “una puta”. En ese momento pasó un patrullero y me soltó. El patrullero no paró, y me dijo “viste, no te van a dar bola, no te van a prestar atención”, pero el auto volvió y frenó. Le dije a los efectivos “él es mi expareja, te pido por favor que lo demores cinco minutos hasta que yo pueda entrar a la casa”.
Ahí empezó a mandar mensajes al celular de mi tía con amenazas (le dijo que pare). Al otro día había comentado todas las publicaciones en Instagram de quien hoy es mi pareja, diciéndole “que necesitaba hablar con él, que por favor lo llame, que se contacte con él, que se encuentren”.
Decidí desbloquearlo, me dio vergüenza. Le pregunté qué necesitaba, me pidió que por favor vaya a su casa, a lo cual yo no accedí así que hablamos por teléfono. Eso fue un martes, y el jueves fue cuando sucedió el hecho.
Quiero distinguir que él me venía siguiendo, no fue casualidad. Él sabía todos mis movimientos. Soy muy rutinaria, voy todos los días al gimnasio, en el mismo horario, por las mismas calles. El día del hecho, él me venía siguiendo y quedó comprobado por las cámaras.
La verdad es que yo iba caminando tranquila y siento que me apoyan algo en la cabeza, y empiezo a sentir el “clac, clac, clac”. En ese momento, él me pasa por delante y cuando miro sus manos, tenía un arma. Lo primero que pensé fue que era de juguete y que quería darme un susto.
No tomé noción de la gravedad hasta que vi sus intenciones. Le dije “¿qué haces?” y cuando él no me respondió, me di cuenta que quería dañarme. De casualidad justo venía un patrullero y yo pude salir corriendo hacia ahí, pero él empezó a disparar.
En realidad, constantemente quería disparar, pero el arma no funcionaba. Cuando salí corriendo es cuando empezaron a salir los disparos. Ahí Cristian Dobrinsky, el policía, pudo dispararle para cesar el accionar de Julián. Si no hubiese sido por él, yo no estaría acá.

Sentí la preocupación por saber si no lo habían matado. Él todavía me estaba mirando desde el piso. Cuando mínimamente entendí lo que pasó, pensé en mi hija porque yo estaba yendo a buscarla
para que salgamos a pasear. Se me cruzaron un montón de sensaciones, entré en shock y me derivaron a un hospital.
Fueron pasando los días y recién ahí comprendí hasta dónde había llegado y pensé en que tendría que haber denunciado, en eso me equivoqué.
-¿Qué se siente después de algo así?
-Miedo y un montón de inseguridades con cosas diarias. Después de ese día, soy una Dana completamente diferente. Tengo estrés postraumático y ataques de pánico y de ansiedad. Antes pensaba que uno lo puede controlar mentalmente, pero el otro día me pasó, por ejemplo, que estaba intentando hacer una clase grupal de boxeo y no pude estar en el grupo porque mi cuerpo se sentía en peligro. Yo me presenté y tuve que abandonar la clase. Pero no tenés que castigarte, sino entender que es un proceso de sanación y lleva su tiempo.
-Está comprobado por el observatorio “Ahora que si no ven”, que en el año 2023 hubo 13% más intentos de femicidio que femicidios perpetrados. entendiendo que es una cuestión que nos interpela como sociedad. ¿Vos crees que hay una manera de que una tercera persona pueda prevenir una relación violenta o machista, o realmente, por más que sea un fenómeno con tantas mujeres sufriéndolo, es una cuestión de la que sólo la víctima puede salir?
-Pienso que es difícil porque hay muchos sentimientos en una persona que está viviendo esa relación tormentosa. Entonces puede ser que sirva que alguien le haga dar cuenta.
Ahora, en tu proceso de recuperación, ¿con qué herramientas contás?
-Desde el primer momento tuve acompañamiento de una psicóloga por parte de la Policía Federal. Estoy haciendo terapia hace un año, es un proceso que es difícil y duro. Sigo olvidando ciertas situaciones; estoy aprendiendo a sobrellevarlas, a convivir con ellas. Nunca antes había tenido miedo, pensaba que tenía control sobre mis acciones, sobre lo que pensaba, y después perdí el control.
-¿Qué pensabas sobre la violencia de género antes de entrar en una relación así?
-Tenía conocimiento, no había tenido una educación, pero sí estaba tanto. Estuve en movimientos feministas pero lo mío no lo supe controlar, porque justamente entran muchos sentimientos en juego y es difícil de ver.
-¿Qué le dirías a una mujer que siente que está siendo maltratada o amenazada?
-Si vos te sentís insegura de un lugar, no tenés por qué estar ahí, andate. Poder, se puede, tenés que empezar a conocerte nuevamente. Después de cualquier relación tormentosa o con violencia, hay que permitirse sentir lo que uno siente, descubrir nuevamente y sanar, sobre todo sanar.
-Y la sentencia…
-Fue difícil, tuve mucho miedo porque la estrategia que había planteado la defensa era visibilizar que no había tenido antecedentes. Fueron a declarar mujeres (su actual pareja y una ex) expresando que era una buena persona.
Además, el abogado Martín Sarubbi no tenía perspectiva de género. Me dijo que, como no me había hecho daño, enton
ces la condena no iba a ser muy grande. “Como mucho ocho años”. Lo cual me tuvo estos casi dos años totalmente asustada.
Sentí incertidumbre porque ¿qué era lo que iba a pasar? Gracias a ciertas personas pude conseguir que el patrocinio cambiara y me tocó una abogada sumamente diferente. Me explicó todo y me llevó un poco más de calma al transitar este camino.
En el momento que se dictó la sentencia, mi abogada me mandó un mensaje y yo la verdad es que no lo podía creer. Fue como que automáticamente me saqué una mochila y sentí tranquilidad, algo que no sentía hace dos años. Tengo problemas para dormir después de esto, y esa noche finalmente pude descansar.
Hay que tener en cuenta que la Defensa todavía puede pedir un recurso de casación. También que de esos diecinueve años se le tienen que descontar dos que ya pasó en la cárcel. Entonces, yo te puedo decir hoy que me quedan 17 años de tranquilidad.




