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Homenaje al levantamiento de Juan José Valle en la Casa por la Memoria

El próximo viernes 7 de junio, la Comisión Provincial por la Memoria llevará a cabo un acto de homenaje a los protagonistas del levantamiento constitucional que el General Juan José Valle  el 9 de junio de 1956, contra el gobierno de facto de Aramburu-Rojas, que junto a Lonardi derrocarán al presidente Juan Domingo Perón el 16 de septiembre de 1955. el evento será en el auditorio de la Casa por la Memoria a partir de las 20.30.

En la oportunidad el En primer lugar, el presidente de la Comisión Provincial por la Memoria, Anibal Ponti, dirigirá unas palabras de bienvenida. Luego, el grupo de narradores Namiyac, dará lectura a la carta que el Gral. Valle escribe a Aramburu pocas horas antes de su fusilamiento.

Posteriormente proyectaremos «Operación Masacre», una película argentina filmada en la clandestinidad durante la dictadura de Alejandro Agustín Lanusse en 1972, y estrenada comercialmente el 27 de septiembre de 1973. El argumento se basó en el libro homónimo escrito por Rodolfo Walsh. Fue dirigida por Jorge Cedrón y sus protagonistas fueron Norma Aleandro, Carlos Carella, Víctor Laplace, Ana María Picchio, Walter Vidarte, Miguel Narciso Bruse y Julio Troxler.

LA LEALTAD

Cabe mencionar que el “levantamiento de  Valle” fue el segundo en su tipo, ya que, en 1933 grupos de oficiales y suboficiales del ejército, comandados por los tenientes coroneles Atilio Catáneo y Roberto Bosch, encabezaron un levantamiento contra el gobierno ilegal del General Agustín P. Justo, que se originara en el golpe de estado contra Hipólito Irigoyen en 1930. Como dato, aportamos que Arturo Jauretche participó de este levantamiento, que luego fue reflejado en su libro “El Paso de los Libres”.

Sobre la película a proyectar, la hija del director escribió lo siguiente: “La presente copia forma parte de un proyecto de recuperación, restauración, conservación y difusión de la obra cinematográfica de Jorge «El Tigre» Cedrón, mi padre. Este proyecto se inició en el año 2001 con la repatriación a la Argentina de algunas de sus películas desparramadas por el mundo y culminó entre el año 2010 y el año 2013 con la total recuperación del material fílmico que se encontraba aun resguardado en Francia y en Cuba, se efectuó un largo y delicado trabajo de restauración digital, tanto de la imagen como del sonido. Esto último, se llevó a cabo y fue posible, gracias al apoyo clave e incondicional de algunos ángeles. Entre ellos, Liliana Mazure, Evangelina Loguercio y Fernando Martín Peña, así como todo el vasto y maravilloso equipo de restauración. Que aquí se vean públicamente agradecidos.

Estos procesos que conjugan la tecnología más avanzada al día de hoy con la minucia y delicadeza de un trabajo totalmente artesanal, van a permitir preservar el material en los mejores formatos que existen en la actualidad amparándolo del deterioro en el que se encontraba cuando comenzamos y esto sin afectar el estilo y las particularidades de la época en la que fueron hechas las películas pero sobre todo, este trabajo va a permitir difundirlas masivamente en condiciones óptimas y similares a las que fueron concebidas.

Lo mismo que las salvó de las garras de la dictadura, sepultó el material por años ya que en la desesperación del exilio, mi padre repartió las latas de las distintas películas sin inventario alguno y con nombres falsos en las valijas de los amigos.

En 1980, su muerte violenta en París a los 38 años de edad en circunstancias aún no esclarecidas, selló hasta el día de hoy la difusión masiva y popular de su obra y a su vez transformó paradójicamente al primer director de cine clandestino de la Argentina en un mito y figura clave del cine político nacional.

Llegó el momento de levantar el «embargo» que pesaba sobre este cine, para que la gente que quiera, lo vea. Si queda en los anales de la historia o pasa al olvido, ya le compete al público. Que sea éste, para quien fueron hechas estas películas, quien lo aprecie, ahora que va a tener libre acceso a ellas.

Hasta aquí llegó mi labor para con ellas y responsabilidad ante mi padre, cuyas palabras, garabateadas en una agenda del exilio, fueron esencia, estigma y motor a la vez, del largo, larguísimo camino que me trajo de la vereda de enfrente hasta acá: «Para que sobreviva la esperanza. Esta esperanza que crece y crece, y no me deja descansar». Lucía Cedrón Buenos Aires, 22 de agosto de 2013”

 

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