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La Bisagra de Sáenz Peña: Para el barrio, desde el barrio

Un merendero que inició desde la catástrofe de las inundaciones, ahora resiste con nula ayuda oficial y mucha voluntad militante.

El comedor y merendero “La Bisagra” está ubicado en ruta 51 esquina 2 del barrio Sáenz Peña de la ciudad homónima. Son entre cuatro y cinco personas, militantes barriales, las que concurren de manera permanente  a colaborar en el lugar, aunque a veces son más las personas que se suman.

ElDIARIO de la Región habló con Daniel Micelli, uno de los fundadores que llevan adelante el merendero. Cuenta que empezó a funcionar en 2018 con las primeras inundaciones que afectaron a la ciudad. “El 23 de enero, más precisamente, arrancaron con el fin de amortiguar la catástrofe que habíamos pasado, en ese momento con una olla popular, y ahí surgió la idea de fundarlo”, explica con la precisión del compromiso asumido. En ese año llegaron a concurrir 170 personas entre adultos, niños y ancianos, y tuvieron la ayuda de la fundación Vanessa Miskinisch de Resistencia.

“Desde 2019 hemos resistido gracias a la solidaridad de la gente”, asegura. Desarrollo Social aportó el año pasado cuatro o cinco veces con módulos de comida: “nada para ese momento, que teníamos alrededor de 60 chicos merendando acá”, remarca. “Ya va a ser un año que no estamos haciendo la comida porque no tenemos los recursos, simplemente estamos laburando con la merienda”, añade.

 

CENTRO CULTURAL

Micelli agrega que la idea era poder formar un centro cultural para tener diferentes actividades, ya que antes de la pandemia tenían apoyo escolar por parte del instituto Mantovani. “Tener un espacio donde los chicos puedan desarrollarse en distintas actividades, tenemos un lugar muy precario, la idea era tratar de construir un espacio más amplio y cómodo”, cuenta y agrega que “ahora que hace mucho frío no le podemos tener a todos adentro”, como ejemplo.

Sobre la situación actual dice que las demandas “no son la de antes, pero ahora se ha reducido la concurrencia porque había semanas que no contábamos con los elementos para hacer la merienda. Fue disminuyendo la cantidad de chicos, que han tenido que recurrir a merenderos que están más lejos para poder recibir su merienda. Hemos estado parados dos meses por no tener los recursos, aunque parados del todo no quedamos nunca”. Dice que pudieron hacer colectas y rifas, más aportes militantes desde Buenos Aires que ayudaron a que se pueda seguir, ahora tres veces por semana: martes, jueves y sábado.

“Estamos haciendo un trabajo social sin cobrar nada ni recibir ningún aporte (oficial), las puertas están abiertas para quien quiera acercarse”, finaliza.

 

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