Derechos HumanosLa Sociedad

La desposesión de la lucha por el derecho

Por Paulo Pereyra (*)

«¿Y qué es la tortura, más allá de su geografía específica, sino la producción de un habitante sin hábitat? Es este el trasfondo (…) y que vienen a compartir tortura y tortura social, un trasfondo que orbita en torno a la negación del hábitat y que sin duda se plasma y proyecta de muy diversas formas; y esto, habría que añadir, anida en los engranajes de la modernidad, en su andamiaje político y epistémico, un «violento proceso de desposesión»”. Nos recuerda el sociólogo vasco Ignacio Mendiola Gonzalo en su obra “Habitar lo inhabitable. La práctica político-punitiva de la tortura” (Bellaterra, 2014).

El poder y el derecho; o mejor, la lucha por el derecho que no termina de asomarse por las ocluidas calles argentinas.

El primero, el poder, como resultante de una vergonzosa tradición colonial, se manifiesta por medio de la cobardía de infringir dolor corporal a quienes se le opongan. Peor, intenta disciplinar a una comunidad que redefine y actualiza su posición vivencial: luchar por sobrevivir y que ello sea conocido.

El segundo, el discurso jurídico, en una escena -una más- de traición al derecho. Este, el saber que siempre abrigó una cuota de esperanza como valladar del poder (y no al revés, como se visualiza en el océano de las comunicaciones instantáneas) emerge -o, se hunde- en un silencio siniestro por parte de “los conocedores del imperio de la ley”.

Este desprecio por la realidad tan imperante como dañina, evidencia una práctica legitimante (antes que legitimada) sobre aquel -este- poder aleccionador que perturba nuestro hábitat (poder, que atraviesa aún más que los postazos de goma, que los gases lacrimógenos, y que el “a la vereda por favor”). Nuestra esencia, en definitiva. Sobre ella y su protección, hay una negación estructural desde quienes debieran cultivarla…

Aquí estamos, ante un intento más de disciplinamiento nacional y provincial, que cuenta como ícono una república sumisa que invita hace 6 meses a sus habitantes, a que siquiera puedan simbolizar que ya no existen espacios seguros. Así, hemos maratónicamente pertrechado una sociedad de desposeídos; de desposeídos de un horizonte democrático y participativo en relación a nuestro presente y futuro.

Peor, los contiguos devoradores del derecho, parecen no haber acusado recibo de nuestra memoria colectiva y su inmanente lucha…

 

(*) Abogado, docente universitario de grado y posgrado, autor de numerosas publicaciones relacionadas con el sistema penal; ex querellante en causas de lesa humanidad y de graves violaciones a los derechos humanos.

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