Derechos Humanos

Ligas Agrarias: siguen los testimonios mientras “se cae” la versión del enfrentamiento

Hoy, se reanuda el juicio oral Ligas Agrarias y tal como lo señalara este medio la semana pasada, la hipótesis de la defensa de un supuesto enfrentamiento entre los dirigentes liguistas y las Fuerzas Armadas pierde fuerza a medida que avanzan las declaraciones testimoniales. Hoy, se esperan testimonios sobre las torturas a trabajadores rurales por parte del excomisario Eduardo Wischnivetzky; mañana, declararán peritos del EAAF.

La de hoy será la cuarta jornada en la causa Ligas Agrarias, juicio oral en el que se investigan los homicidios de dos dirigentes rurales y los secuestros y torturas a militantes de base del movimiento de trabajadores agropecuarios durante la última dictadura cívico-militar. La audiencia da inicio a las 9, en la sede del Tribunal Oral Federal de Resistencia (Hipólito Irigoyen 33).

En la fecha, se espera avanzar en los casos de privaciones ilegítimas de libertad y tormentos sufridos por los trabajadores rurales Santos Britez, Hipólito Britez y Modesto Meza quienes prestarán declaración ante el tribunal por los hechos imputados al excomisario Eduardo Wischnivetzky.

La semana pasada, los debates se centraron en los asesinatos de Carlos Piccoli y Raúl Estigarriba, con declaraciones de familiares y compañeros de militancia el martes y el miércoles, con las declaraciones de peritos de la Policía que intervinieron en la reconstrucción del caso de Estigarribia y dos vecinos de Corzuela, a quienes el dirigente había ido a visitar la noche del 12 de febrero de 1977, en la que fue asesinado. Justamente, estos testimonios fueron determinantes para asestar un duro golpe a la estrategia defensiva en orden de sostener que lo ocurrido fue un “enfrentamiento” y no una emboscada.

Sucede que las declaraciones de la fecha,  de peritos de la Policía que intervinieron en la reconstrucción del caso de Estigarribia y dos vecinos de Corzuela, a quienes el dirigente de Ligas había ido a visitar la noche del 12 de febrero de 1977. La versión del “enfrentamiento no fue ratificada por ninguno”. La causa pasó a cuarto intermedio hasta el 15, oportunidad para la que se programó la declaración de cuatro testigos.

Este es el quinto proceso por crímenes de lesa humanidad en la provincia, en el que se juzgan los homicidios de los dirigentes rurales Raúl Eduardo “Ñaró” Gómez Estigarribia y Carlos Piccoli, así como el secuestro y tortura de los trabajadores rurales Santos Britez, Hipólito Britez y Modesto Meza.

Figuran como imputados el exteniente coronel del Ejército, José Tadeo Betolli, y los agentes de la Policía Miguel Antonio González y Alcides Safenrraiter, acusados de homicidio agravado, el excomisario de la Policía, Eduardo Wischnivetzky, por privación ilegítima y tormentos y el expolicía José Rodríguez Valiente, por encubrimiento.

EMBOSCADA

Tanto Adelina como Francisco Iñiguez -quien figura en el requerimiento fiscal como responsable de haber dado aviso a la Policía que recibiría la visita de Estigarribia- manifestaron no haber presenciado nada de modo directo pero sí haber escuchado comentarios de terceros. “Decían que lo bajaron a uno”, precisó el hombre. La mujer acercó un par de detalles más, pero relacionados con el procedimiento posterior: “Nos fueron a buscar del Ejército a declarar en comisaría, me hicieron firmar un papel pero no sé qué firmé. Llegaban del Ejército y ni al baño te dejaban ir, te apuntaban con ametralladoras”, graficó como para dar una idea del contexto de la situación, en aquella época. En el acta rubricada luego del hecho, ambos figuraban como testigos de un tiroteo, con Estigarribia portando un arma e incluso una granada. Nada de ello fue confirmado en la sede judicial.

El otro testigo, el exsuboficial de la Policía Alfredo Gómez prestó servicio en la división Criminalística. Consultado por la defensa, reconoció no recordar haber intervenido en la reconstrucción pericial del hecho, por lo cual se solicitó desde la defensa que se le facilite una de las fojas del expediente donde figura un acta al respecto, no obstante lo cual el testigo no reconoció como propia la firma que figura como suya. Subrayó que lo suyo era “el apoyo técnico a los procedimientos” una vez consumados, nunca interviniendo “en la acción”.

De este modo, pierde fuerza uno de las principales pilares de la estrategia defensiva y se consolida la hipótesis de la emboscada seguida de homicidio. Otro imputado que resultó complicado es José Rodríguez Valiente, en relación con la falsificación del acta correspondiente.

 

 

 

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