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Madres de la Plaza: 43 años de la Marcha más prolongada de Argentina

En el marco del Día Nacional de la Memoria, el arquitecto y gestor cultural Leo Ramos comenta los "avatares del primer monumento patrio" en torno a las marchas de Madres y Abuelas de Plaza de Mayo:

Por: Leo Ramos 

El 30 de abril de 1977, mujeres que llevaban  varios meses recorriendo cuarteles, ministerios, juzgados e iglesias buscando información sobre el paradero de sus hijos, se reunieron por primera vez en la plaza de Mayo, frente a la Casa Rosada. Y a la orden impartida por la policía de “circular” respondieron caminando en círculos alrededor del primer monumento patrio.

A poco de cumplir 43 años del inicio de  las rondas de las Madres de Plaza de Mayo afirmamos que en el primer monumento patrio se produce la marcha más larga de la historia argentina y quizás del mundo.

¡CIRCULEN DE A DOS!

El comienzo del reclamo nació como una iniciativa de madres de detenidos y desaparecidos el 30 de abril de 1977 en Buenos Aires. Su objetivo inicial era poder tener una audiencia con el titular del Proceso de Reorganización Jorge Rafael Videla.

Para ello se reunieron en la Plaza de Mayo y efectuaron una manifestación pública pacífica pidiendo saber el paradero de sus hijos.

La elección de la Plaza de Mayo se debe a que está situada frente a la Casa Rosada, sede de la Presidencia y lugar donde tradicionalmente se han efectuado manifestaciones políticas.

Ronda de Madres de Plaza de Mayo 1981 tomado de Archivo General de la Nación

La idea surgió mientras el grupo inicial de madres estaba esperando que las atendiera el secretario del Vicario Castrense. Una de ellas, Azucena Villaflor de Vicenti, propuso: «Individualmente no vamos a conseguir nada. ¿Por qué no vamos todas a la Plaza de Mayo? Cuando vea que somos muchas, Videla tendrá que recibirnos».

Ese mismo día, catorce madres iniciaron una jornada a la cual, con el paso del tiempo, se acercarían otras madres afectadas. Desde entonces, todos los jueves repetirían una caminata (originada cuando las fuerzas de seguridad les exigieron «circular» por causa del estado de sitio) alrededor de la pirámide central de la plaza.

En su libro Perfomance la académica Diana Taylor afirma: en un nivel pragmático, la performance desarrolla la condición de (im)posibilidad impuesta por las leyes y prohibiciones del Proceso que impedía todo tipo de acciones: protestas, congregaciones en público, permanecer en la vía pública por cualquier periodo de tiempo. Las Madres, al caminar de par en par, transgredieron tales prohibiciones. Sin embargo, los pañuelos blancos destacan que la performance de las Madres es altamente simbólica, y el uso del espacio público conscientemente estratégico.

Fueron los policías que custodiaban la plaza quienes les indicaron que marcharan de a dos porque como el país estaba bajo estado de sitio estaban prohibidos los grupos de tres o más personas. Por lo tanto y dadas esas condiciones, comenzaron las marchas alrededor de la pirámide de Mayo.

Luego para reconocerse, comenzaron a usar un pañuelo blanco en la cabeza, confeccionada en un principio con tela de los pañales que se usaban para bebés, representando así a los hijos. Ese pañuelo se convirtió en su símbolo. Las Madres intentaron dar a conocer sus dramas y así participaron de marchas religiosas numerosas y populares en las cuales era conveniente que pudieran reconocerse.

La presencia de las madres en la Plaza era conocida por comentarios de boca en boca, puesto que así como no existían los «desaparecidos» para la prensa, tampoco existían las Madres. Durante el tercer encuentro se cambió el viernes por el jueves. Acordaron que fueran los jueves de 15.30 a 16.00 por ser un día y una hora en la que transitaba mucha gente por la Plaza.

Ronda de Madres alrededor de la Pirámide de Mayo 1981

La ronda de las Madres da la apariencia de ser relativamente algo simple: un grupo de madres de edad madura usando pañuelos blancos y sosteniendo o vistiendo fotografías de sus hijos perdidos, caminando lentamente. La simplicidad de la representación, sin embargo, resalta los elementos rituales de esta re-iterativa manifestación de dos tipos de performance: el luto y la protesta. Organizarse como madres ofrecía un mínimo de seguridad, puesto que la Junta Militar no podía apaciguar por la fuerza a un grupo de madres desarmadas en público. Las Madres se apoderaron de la imagen de la Mater Dolorosa y explotaron el sistema represivo de representación que tan efectivamente ha limitado las posibilidades de visibilidad y expresión para las mujeres. El rol virginal asignado a la mujer para la performance tradicional de lo «femenino» subraya las cualidades del auto-sacrificio y sufrimiento. Al encarnar el dolor, las Madres no sólo hicieron visible la lucha por los hijos, sino la estructura represiva del imaginario nacional. Todos los jueves, reafirman y trascienden el repertorio cultural e iconográfico como afirma Galeano en Utopías: «En Argentina las locas de Plaza de Mayo serán un ejemplo de salud mental porque ellas se negaron a olvidar en los tiempos de la amnesia obligatoria».

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