
El movimiento turístico volvió a mostrar un desbalance creciente entre quienes salen del país y quienes llegan: el turismo emisivo avanzó con fuerza y el receptivo volvió a caer. En octubre viajaron al exterior 725.000 turistas residentes, frente a solo 389.800 turistas no residentes que ingresaron al país, lo que dejó un saldo negativo de 335.200 personas y profundizó la sangría de divisas vinculada al turismo.
El dato más sensible para la macroeconomía es el gasto asociado a estos movimientos. A través de los pasos relevados por la Encuesta de Turismo Internacional, el gasto del turismo emisivo llegó a 597.029.500 dólares, contra 232.435.000 dólares del receptivo. Cada turista argentino que viaja al exterior se va, en promedio, más noches y gasta más que los turistas extranjeros que llegan, en un escenario donde la economía carece de capacidad para sostener salidas netas de divisas: la estadía promedio de los residentes fue de 13,8 noches, mientras que la de los no residentes que visitan la Argentina fue de 11,4.
El perfil del turismo emisivo muestra, además, un aumento fuerte en destinos de mayor gasto relativo. A Brasil viajaron 160.200 turistas argentinos; a Europa, 94.900; y a Estados Unidos y Canadá, 54.300. Todos estos destinos exhiben gastos diarios promedio elevados, en particular Estados Unidos y Canadá, con 119,3 dólares por día. La combinación de mayores cantidades de viajeros, estadías largas y altos gastos diarios en mercados fuertes amplifica la salida neta de divisas en un momento de restricciones crecientes.
En contraste, el turismo receptivo sigue deprimido. El ingreso de turistas extranjeros cayó 5,9 por ciento interanual y mantiene un retroceso sostenido en la mayoría de los mercados regionales: Chile retrocedió 10,5 por ciento, Paraguay 9,6 por ciento y Uruguay 19,7 por ciento. Solo Europa mostró un avance relevante de 10,9 por ciento, aunque insuficiente para revertir la tendencia general. Del total de turistas no residentes que llegaron al país, el 61,9 por ciento provino de países limítrofes, un segmento especialmente sensible al nivel de precios relativos y al tipo de cambio real.
Este retroceso del receptivo y la suba del emisivo se dan, además, en un escenario de crisis profunda del turismo interno, que acentúa la salida de viajeros y reduce la capacidad del país para atraer gasto turístico doméstico. Según la Asociación de Hoteles de Turismo, la ocupación hotelera cayó por debajo del 50 por ciento durante la última temporada de invierno, con la pérdida de alrededor de 10 empleos diarios. La caída del poder adquisitivo, los costos en alza y tarifas que no acompañan la inflación real pusieron a decenas de establecimientos al borde del cierre.
Las empresas del sector enfrentan aumentos extraordinarios en electricidad —hasta 400 por ciento— y en alquileres e inmuebles —hasta 500 por ciento—, un cuadro que vuelve insostenible mantener planteles estables. Ante ese deterioro, crece la contratación eventual como mecanismo de supervivencia, una forma de sostener la actividad sin avanzar en cierres definitivos. Sin embargo, los operadores advierten que estas estrategias no compensan la pérdida de demanda: la caída en el gasto del turista local y la competencia de destinos externos más accesibles siguen golpeando al sector.
El panorama se agrava con el cierre de hoteles históricos, como El Molino, en Victoria, y Posta del Sol, en Paraná. La contracción de la actividad interna empuja a más hogares a evaluar escapadas al exterior, muchas veces financiadas en cuotas o aprovechando diferencias de precios en determinados destinos cercanos, lo que profundiza el desequilibrio turístico.
Este doble movimiento —menos turistas extranjeros, más argentinos viajando afuera y un sector interno en retroceso— agranda el déficit turístico en un momento crítico para las cuentas externas. Con reservas que no logran recomponerse y con vencimientos de deuda significativos en los próximos meses, la pérdida neta de divisas por turismo se convierte en un problema adicional para una economía que opera con márgenes muy estrechos.
La dinámica reciente confirma que el turismo, lejos de aportar dólares, hoy se consolidó como un canal de salida. La falta de políticas de incentivo para el receptivo, la contracción del turismo interno y la presión sobre los ingresos reales de las familias configuran un cuadro donde la industria pierde tracción y la balanza turística profundiza su rojo. Sin medidas que reviertan estas tendencias, la economía seguirá enfrentando un drenaje de divisas difícil de sostener en el marco actual.




