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Murió Elsa Pavón, la primera Abuela que logró la restitución de su nieta 

Fue la primera Abuela de Plaza de Mayo que logró la restitución de su nieta a través de los análisis genéticos. Presidía la Asociación Anahí, dedicada a continuar la búsqueda de su amiga “Chicha” Mariani.

Elsa Pavón cayó enferma cuando le comunicaron que su hija, su yerno y su nietita de 23 meses habían desaparecido. Le costó varios días recuperarse de la fiebre. Como pudo, se sentó en la cama y se dijo a sí misma: “Si me muero, nadie va a buscar a los chicos”. Se vistió y salió de su casa. Fue la primera Abuela de Plaza de Mayo que logró la restitución de su nieta a través de los análisis inmunogenéticos. A pesar del encuentro con Paula, Elsa nunca dejó de buscar. Tomó la posta de su amiga María Isabel “Chicha” Chorobik de Mariani y siguió la búsqueda de Clara Anahí. Murió a los 90 años, una referente reconocida y respetada del movimiento de derechos humanos.

Paula Eva Logares iba a cumplir dos años el 10 de junio de 1978. Para ese día, su abuela Elsa tenía previsto estar con ella en Montevideo, donde la nena vivía con sus padres, Mónica Sofía Grinspon y Claudio Logares.

Ambos se habían ido a Uruguay en mayo de 1977. Eran militantes de Montoneros y habían escapado de la represión de la dictadura. Las largas garras del aparato estatal los alcanzaron el 18 de mayo de 1978. Con el tiempo se supo que habían pasado por la brigada de San Justo y el Pozo de Banfield.

Pasaron días hasta que Elsa supo de las desapariciones. Cuando logró reponerse, Elsa empezó a moverse. Acudió a organismos que ya estaban funcionando, como Familiares de Desaparecidos y Detenidos por Razones Políticas. El Movimiento Ecuménico por los Derechos Humanos (MEDH) le dio los fondos para que pudiese viajar a Uruguay para averiguar qué había pasado con su familia. Ella caminó y caminó, pero volvió sin respuestas.

Llegó a un juzgado de menores de La Plata. Se sentó en un banco y se puso a llorar. Una mujer se le acercó y le preguntó qué le pasaba. Era “Chicha” Mariani. Le dijo que ellas estaban buscando a chiquitos que se habían llevado con sus padres y a otros que habrían nacido en cautiverio.

–Sin audiencia, no te van a atender. Si querés, entrá con nosotras y te van a recibir– le sugirió “Chicha”.

Desde entonces, nunca se separaron. Elsa se convirtió entonces en una de las primeras integrantes de las Abuelas. Tiempo después, “Chicha” viajó al exterior. En la organización Clamor, que funcionaba en Brasil, le mostraron unas fotos de una chiquita que supuestamente era uruguaya. La persona que había llevado las imágenes escuchó a la mujer que se presentaba como su madre recriminarle a su marido: “Vos mataste a los padres y ahora me trajiste a esta chiquilina para joderme la vida a mí”.

“Chicha” regresó convencida de que era Paula. A Elsa le costó aceptarlo. Sin embargo, había una dirección y ella, cual detective, decidió ir a investigar. La tercera vez que fue logró ver a la nena. Ya no tenía dudas: era su nieta.

Cuando regresó, los apropiadores se habían mudado. Otras Abuelas la asistieron en la búsqueda, pero no tuvieron éxito. Paula se había perdido otra vez.

Para junio de 1983, las revistas publicaban las fotos de los chiquitos que las Abuelas de Plaza de Mayo estaban buscando. Había afiches también en la vía pública. Una persona vio la foto de Paula y supo que era la nieta que Elsa buscaba. Emilio Mignone atendió esa llamada y fue él quien le avisó a “Chicha” Mariani.

Elsa volvió a desarrollar sus habilidades como detective. Los apropiadores de su nieta vivían en Chacarita. Ella había decidido mimetizarse con el barrio. Todos los días partía desde Banfield, en el sur del conurbano bonaerense, hacia la Capital Federal. Hacía las compras allá y registraba los movimientos.

En una oportunidad, vio que su nieta bajaba de un micro. Rápidamente, tomó un anotador y registró la patente. Después le pidió a una de sus hijas que la llevara con su auto a seguir el colectivo. Aprendió el recorrido y llegó a la escuela de Paula.

Al principio, Elsa estaba desconcertada. Esperaba encontrarse con una nena que estuviera en segundo grado de la escuela primaria, pero se encontró con una chiquita que todavía estaba en preescolar. Eso la hizo dudar, y les pidió a su cuñada y a su marido que fueran ellos a comprobar.

El 13 de diciembre de 1983, primer día hábil desde el retorno de la democracia, Elsa presentó la denuncia por la apropiación de su nieta. Con “Chicha” Mariani y el equipo de Abuelas de Plaza de Mayo montaron guardia en los tribunales hasta que el juez ordenó el allanamiento. Antes de que llegara la policía a la casa del subcomisario Rubén Lavallén y Raquel Leiro, ya estaban apostadas en una esquina Elsa y Mirta Baravalle.

La genetista Mary-Claire King llegó al país justo el día en que llevaron a Paulita al Hospital Durand para realizarse los análisis de sangre. King había desarrollado el índice de abuelidad y fue quien pudo hacer los exámenes.

Elsa esperaba ansiosa en la sede de Abuelas de Plaza de Mayo. El perito de parte le había dicho que enfriara una sidra por si tenían que festejar. Al rato, la llamó y le dijo: “Preparen las copas. Paula es Paula”.

Pasaron largas semanas hasta que Elsa pudo encontrarse con Paula. Fue en los tribunales. Ella llegó con fotos. Pensaba que esas imágenes podrían refrescarle la memoria. Pero fue un sonido el que la desarmó: el que Paula pronunciaba cuando quería decir el nombre de su papá. Paula era Paula.

Durante mucho tiempo, Elsa se desesperó con un pensamiento: ¿Qué pasaría si volvía Mónica y ella tenía que decirle que no sabía dónde estaba su hijita? Logró ese cometido, encontró a Paula y la crió con todo el amor. Lo que no consiguió fue volver a acariciar los huesos de su hija y de su yerno.

Elsa era la presidenta de la Asociación Anahí, la organización que “Chicha” fundó en 1996. En agosto pasado, cuando se cumplieron 50 años de la desaparición de Clara Anahí –que sigue desaparecida–, Elsa presidió el acto. Lo hizo acompañada de su nieta Paula y del juez federal Alejo Ramos Padilla.

Era frecuente verla en los juicios que se hacían en La Plata. Fue impulsora de la causa por el plan sistemático de robo de bebés, la del Plan Cóndor y la de las brigadas. En las últimas semanas, había aceptado de buena gana una entrevista con Página/12 para conversar junto a su nieta. No llegó a grabarla.

Elsa fue, como la recordaron desde la Asociación Anahí, sostén de generaciones. Lo hacía como una Abuela que cada día refrendaba el camino de lucha: con sus locros y sus lecturas agudas, pero también con sus mensajes amorosos.

Sus compañeras de Abuelas de Plaza de Mayo la definieron como una parte fundamental de la historia de la asociación, que abrió el camino a la restitución de otros nietos y nietas. “La recordaremos siempre por su valentía, su perseverancia y su compromiso con la memoria, la verdad y la justicia. Su ejemplo y su legado seguirán acompañando nuestra lucha”, la despidieron.

Fuente: Página 12

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