
Rocío Aranda de 22 años murió en un incendio de su casilla en Quitilipi. La investigación apunta a un femicidio y homicio vinculado porque en el hecho también fallecieron cuatro niños (uno de ellos, un bebé de seis meses). La hipótesis policial señala a la pareja de la mujer, Alberto Luis Ávalos, como autor de un ataque que terminó en incendio.
El crimen ocurrió en la madrugada del domingo, alrededor de las 6 según el parte policial, en una vivienda de la calle Islas Malvinas, en el barrio Matadero. Aranda, su hijo de cuatro; sus dos sobrinos, de cinco y cuatro años, hijos de su hermana; y el bebé de seis meses que tenía con el detenido Ávalos, de 25 años, estaban en la vivienda. El fiscal subrogante Gustavo Valero, a cargo de la Fiscalía N° 1 de Sáenz Peña, ordenó su aprehensión en una causa por supuesto homicidio.
El jefe de la Policía de Chaco, Fernando Romero, definió el caso como uno “de los crímenes más atroces desde que somos provincia”, en 1953. Según la reconstrucción que maneja la investigación, Ávalos habría estrangulado a Aranda y atacado con un arma blanca a su hijo y a los dos sobrinos de ella; luego habría provocado el incendio de la casa con su bebé en brazos. Después intentó ahorcarse, pero vecinos lo rescataron.
Cuando llegaron los efectivos, encontraron a Ávalos inconsciente en la parte frontal de la vivienda y al bebé, también inconsciente, en brazos de su abuela paterna. Ambos fueron trasladados en ambulancia al hospital local, pero el niño ingresó sin signos vitales. Según el jefe de la Policía, el bebé murió por inhalación de humo. Dentro de la casa había otros cuatro cuerpos: dos niños en el sector construido con madera y nailon, y Aranda y una niña en una habitación de material.
Últimos datos sobre el incendio
Las pericias detectaron heridas cortantes en el cuello y quemaduras en los tres niños hallados dentro de la casa. La médica policial constató escoriaciones en la región lumbar de Aranda. En la escena se secuestraron un cuchillo con manchas similares a sangre, dos tramos de soga, un encendedor, tres teléfonos celulares y un fragmento de sábana, todo sujeto a peritajes.
Un médico del hospital local diagnosticó a Ávalos con un cuadro de psicosis aguda y registró escoriaciones en forma de lazo en el cuello, lesiones múltiples por contusión y signos de posible intoxicación con drogas. Según testimonios de allegados que recogió la Policía, el hombre decía estar “poseído por un demonio”. El diagnóstico inicial no define por sí solo la calificación legal ni la responsabilidad penal, que la Justicia deberá establecer con las pericias.
Ávalos fue trasladado al Complejo II del Servicio Penitenciario Provincial, en Sáenz Peña, donde permanece detenido a disposición de la Justicia. Los cuerpos de las cinco víctimas pasaron a la morgue judicial de esa ciudad, donde se harán las autopsias que deberán establecer las causas de las muertes y la secuencia de los hechos.
Romero informó que Ávalos no tenía antecedentes penales y que no existían denuncias previas por violencia de género entre la pareja. La ausencia de denuncias no equivale a la ausencia de violencia. Según el informe de octubre del Observatorio Nacional “Mujeres, Disidencias, Derechos” de MuMaLá, apenas el 12% de las víctimas de femicidio había denunciado a su agresor, y el 61% fue asesinada por su pareja, expareja o un familiar.
El mismo relevamiento contabilizó 36 femicidios en octubre, el peor registro mensual desde 2022, y 239 entre el 1 de enero y el 30 de octubre de 2026. En ese escenario, desde diciembre de 2023 el Gobierno nacional eliminó el Ministerio de las Mujeres, Géneros y Diversidad. La Justicia chaqueña investiga por ahora un supuesto homicidio y deberá definir si corresponde calificar el hecho como femicidio.



