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Romero: “El cierre de El Viejo Café es un fantasma siempre en la puerta”

Aunque el cierre de El Viejo Café no es una alternativa para la familia cooperativa, sí atraviesa una de sus peores crisis en medio de un contexto recesivo y adverso también para el rubro gastronómico. La estrepitosa caída del consumo y los altos costos que debe asumir la empresa recuperada son un combo casi letal que los llevó incluso a disminuir sus utilidades mensuales. “La situación es muy complicada”, afirmó el presidente del histórico café de Pellegrini e Yrigoyen.

 

Con 16 años de empresa recuperada, la cooperativa de trabajo El Viejo Café, atraviesa uno de sus peores momentos en medio de la crisis socioeconómica y la creciente recesión que atraviesa al país. El presidente de este emprendimiento gastronómico que gestionan sus trabajadores desde noviembre de 2003, Roberto Romero, dialogó con elDIARIO de la Región sobre el panorama desolador que atraviesan las familias del histórico café de Resistencia, ubicado en la intersección de Pellegrini e Yrigoyen.

«La situación es muy complicada en general. Esto pasa a ser algo secundario pero en nuestro caso, la baja del consumo es muy marcada», sostuvo el dirigente. «Siempre comento que hace unos años atrás, venían a disfrutar de nuestros espectáculos de los fines de semana y lo hacían temprano, cenaban algo y luego se quedaban para el baile. Ahora, vienen tarde, cenan en sus casas. Pero lo que se ve es que de todos lados se están cuidando de ese gasto justamente por la situación que se está atravesando. Para nosotros es muy complicado salir adelante. Tenemos un feroz aumento en las tarifas de luz, de agua; aumento en los costos de mercadería. Y uno no puede volcar esos aumentos para solventar los gastos a los clientes. Entonces una parte es para el cliente y otra para nosotros», explicó.

Debido a esto, las utilidades mensuales de sus asociados, lo que se corresponde a un salario en cualquier empresa comercial, vienen disminuyendo de un tiempo a esta parte. «Han bajado mucho las utilidades, mucho, se nota», añadió Romero. «Si usted aprecia en este momento cómo está el café, en otros momentos había jugo de naranja, carlitos, un café; a la mañana se hacían desayunos de trabajo, se juntaban y había una vuelta o dos de café, ahora uno o dos toman café, los otros escuchan y se retiran. No hay consumo. Y ni hablar cuando ves el stock de vajilla, de ropa de trabajo, platos, vasos. Un plato grande te sale $230, tenés vasos o copas más baratas, pero largás un hielo fuerte y se rompe entonces no te sirve porque te sale el doble. Todo está muy complicado», reiteró.

Respecto del cierre de la cooperativa de trabajo, que se rumoreó en los últimos días, aseguró que no es una alternativa que se esté analizando puertas adentro. Sin embargo, aseguró que «el fantasma del cierre de El Viejo Café está en la puerta». «Estamos buscando la forma de pararlo, somos ocho familias que trabajamos aquí, no es uno que va a quedar sin trabajo. Y si cerramos a dónde vamos, qué hacemos. Lo que hicimos fue bajar el ingreso que teníamos, que era un promedio de salario, así entre todos ponemos algo para ir cubriendo, tenemos que juntar $25.000 para una boleta de luz», comentó.

«Nosotros nos mantenemos con lo genuino, no fuimos a ver a nadie por un subsidio, un préstamo. Siempre nos mantuvimos de esa manera, pero en este contexto es para golpear un poquito las puertas porque como no hay ingreso de clientes no podemos hacer más», aseguró.

En ese contexto, también planteó una serie de «presiones» que viene sufriendo, con clausuras que se hicieron efectivas hace semanas atrás. «No es que nos hacemos los distraídos, es que no hay», acentuó y agregó: «Una cosa es un empresario que tiene espalda para pasar solvente, tantas franquicias que se ven ahora. Pero nosotros no, tenemos una competencia desleal notable que nosotros la vemos. Todos teneos derecho a vivir, pero debe ser parejo para todos».

No obstante, el complejo panorama que describió el dirigente de la cooperativa gastronómica, remarcó que todas las familias que la componen «somos optimistas». «Pensamos que va a mejorar, que pasó la tormenta, queremos que pase. Acá todos tenemos ganas de trabajar, más allá de ganas, necesidad. Pero no podemos. Sí tenemos una muy buena relación con la gente que nos alquila, con la que cumplimos 16 años y hoy nos están apoyando. Esta es una empresa seria, también los proveedores nos colaboran, bajándonos mercaderías y estableciendo un pago a lo largo de la semana. Es una bicicleta pero si nos siguen apretando se va a hacer insostenible», recalcó.

«Somos de 25 a 30 personas que vivimos de esto porque detrás de cada uno tenés cuatro a cinco personas. Y con el poco ingreso que tenemos, más las obligaciones que nos siguen ajustando se hace muy duro, muy difícil», concluyó.

Cooperativa La Prensa

Cooperativa de Trabajo y Consumo Ltda La Prensa

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